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Galicismos e italianismos: tomar prestado a las primas
El español no ha dejado de tomar prestado de su propia familia: del francés vienen mensaje, jardín, hotel y el sufijo -aje; del italiano novela, piano, fachada y banca; del catalán paella y faena; del portugués mermelada y chubasco.
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Explicación
El francés llegó en tres oleadas. En la Edad Media, por el Camino de Santiago y con los monasterios cluniacenses: mensaje, homenaje, monje, jardín, jaula, manjar, vergel, dama, joya y, sobre todo, el sufijo -aje (del francés -age), que el español sigue usando de forma productiva en viaje, paisaje, garaje, aprendizaje. En el siglo XVIII, con la corte borbónica, llegan la moda, la cocina y la administración: hotel, chalet, restaurante, menú, control, detalle, bufanda, pantalón, blusa, corsé. Los siglos XIX y XX añaden garaje, chófer, carnet, cliché, debut, élite, peluche.
El préstamo italiano se concentra en el Renacimiento y el Barroco, y se nota en los campos: literatura y arte (novela, soneto, madrigal, esbozo, diseño, modelo, fachada), música (piano, ópera, batuta, soprano), guerra (escopeta, centinela, escolta) y finanzas (banca, bancarrota): fueron los banqueros italianos quienes enseñaron a Europa el vocabulario del crédito. Oleadas posteriores trajeron la cocina: pizza, espagueti, capuchino.
Las vecinas de casa también cuentan. Del catalán vienen paella (en origen solo 'sartén', del latín patella), faena, forastero, entremés, capicúa; del portugués, mermelada, chubasco, buzo, mejillón, barullo. Dos constantes que conviene tener presentes: las palabras suelen llegar con el objeto o la práctica que nombran, y las más recientes siguen en proceso de adaptación gráfica, de ahí que convivan chófer y chofer, cruasán y croissant, bufé y buffet en los textos reales.
Ejemplos
I left the car in the hotel garage.
I read a novel and then we went to the opera.
They served paella and homemade jam.