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El español es latín hablado, no latín escrito
El español desciende del latín cotidiano de soldados, comerciantes y colonos en Hispania desde el 218 a. C.: por eso dice caballo y no equus, boca y no os.
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Explicación
Roma desembarca en Empúries en el 218 a. C. y tarda dos siglos en completar la conquista de la península, pero el latín se extiende más deprisa que las legiones. Lo que arraiga es el sermo vulgaris —el registro hablado de soldados, comerciantes, administradores y colonos—, no la lengua literaria de Cicerón y Virgilio que Europa enseñaría después en las escuelas. Cerca de tres cuartas partes del vocabulario español corriente procede de ese latín hablado por una cadena ininterrumpida de hablantes, sin libro de por medio.
La diferencia se ve en qué palabras sobrevivieron. Donde el latín clásico escribía equus 'caballo', el habla prefería caballus 'jamelgo, caballo de tiro' → caballo. El clásico os 'boca' perdió frente a bucca 'mejilla' → boca; ignis 'fuego' frente a focus 'hogar' → fuego; domus 'casa' frente a casa 'choza' → casa; edere 'comer' frente a comedere → comer; magnus 'grande' frente a grandis → grande. El francés cheval, bouche, feu y el italiano cavallo, bocca, fuoco cuentan lo mismo: todas las lenguas romances heredaron el miembro coloquial de cada pareja.
Esto tiene consecuencias para quien aprende. Las palabras más antiguas y frecuentes sufrieron más cambios fonéticos: son las que menos se parecen al latín y las más irregulares, y de ahí el desorden de ser, ir, hacer y tener frente a los términos acuñados el siglo pasado, perfectamente regulares. También significa que un hablante de francés, italiano, portugués o rumano parte con miles de palabras medio sabidas, y que el latín escolar da la llave del registro escrito culto antes que la de la calle.
Ejemplos
The horse drinks water in the river.
Close your mouth and eat slowly.
At home we light the fire when it's cold.